OPINIÓN
Por: Enrique Arteaga Sangronis
Redes Sociales: @KikeArteagaS
Venezuela se encuentra en un punto de no retorno. Tras casi tres décadas de un sistema que desmanteló la institucionalidad y fracturó el tejido social, la palabra "transición" ha dejado de ser un anhelo retórico para convertirse en un imperativo operativo. Sin embargo, una transición no es simplemente un cambio de nombres en el Palacio de Miraflores; para que sea verdadera y sostenible, debe cimentarse sobre pilares que no admiten medias tintas: libertad, retorno, votos y justicia.
El fin de las "puertas giratorias": Libertad y Retorno
La primera señal de una democracia real no se encuentra en los discursos, sino en las celdas vacías. No existe transición legítima mientras un solo venezolano permanezca tras las rejas por sus ideas. La liberación inmediata de todos los presos políticos es el primer paso para sanar la psique nacional.
A esto debe sumarse el regreso de los exiliados. La reconstrucción de Venezuela requiere del talento, la experiencia y el compromiso de millones que fueron forzados a salir. Una patria que no ofrece garantías de seguridad para el reencuentro de sus hijos sigue siendo una patria bajo sospecha.
Las tres fases: El camino hacia el voto libre
Como se ha delineado en la estrategia de tres fases estabilización, recuperación y transición el objetivo final es devolverle al ciudadano el poder de decidir. María Corina Machado ha sido enfática: el mandato del 28 de julio es el origen de la legitimidad, pero la consolidación democrática exige elecciones lo más pronto posible, bajo condiciones que garanticen que cada voto cuente.
La transición tiene que ser rápida.
El tiempo en Venezuela se mide en vidas perdidas y en una crisis humanitaria que no da tregua.
La estabilización petrolera y económica es necesaria, pero solo sirve de plataforma para el fin último: la reinstitucionalización a través de las urnas.
Justicia: El pilar contra la
impunidad
Quizás el punto más complejo, pero más vital, es el de la justicia. Tras 27 años de Chavismo/Madurismo, las heridas por violaciones a los Derechos Humanos y crímenes de lesa humanidad están abiertas. Una transición que ignore el clamor de justicia de las víctimas será una transición coja, destinada a repetir los errores del pasado.
La verdadera democracia no nace del olvido, sino de la responsabilidad y uienes cometieron atropellos sistemáticos deben enfrentar procesos judiciales transparentes. La reconciliación nacional no es sinónimo de impunidad; es el acuerdo de vivir bajo la ley, donde quien la hace, la paga.
Venezuela no busca una transición de papel, buscamos un cambio que devuelva la dignidad al ciudadano, con el apoyo de la comunidad internacional y el liderazgo interno que ha mantenido la coherencia, el camino está trazado.
La libertad de los presos, el regreso de los desterrados, la justicia para las víctimas y el ejercicio soberano del voto son las únicas garantías de que, esta vez, la libertad llegará para quedarse.
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