viernes, 20 de abril de 2018

FISCAL Y MAGISTRADOS DE VENEZUELA EN EL EXILIO PODRÍAN SER LA PUERTA A UN EVENTUAL GOBIERNO PARALELO

Por: Antonio Maria Delgado / adelgado@elnuevoherald.com

La ex fiscal de Venezuela Luisa Ortega muestra documentos que asegura son evidencia de que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, aceptó sobornos de la compañía brasileña Odebrect, en Bogotá, Colombia, el martes 3 de abril del 2018. Fernando Vergara AP

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Venezuela tiene dos tribunales supremos por estos días: uno en Caracas --sus magistrados nombrados a dedo por Nicolás Maduro-- y otro en el exilio.

El país sudamericano también tiene dos congresos, y dos fiscales generales, con la que se encuentra en el exilio, Luisa Ortega Díaz, emprendiendo un juicio por corrupción contra Maduro, acusándolo de recibir millones de dólares en sobornos de la firma brasileña Odebrecht, mientras que el que se encuentra en Caracas se dedica a encarcelar opositores.

En momentos en que la implosión económica y social del país petrolero envía a cientos de miles de venezolanos a buscar refugio en países vecinos y funcionarios adversos al régimen se ven obligados a salir de Venezuela para evitar prisión, algunos ven la posible conformación de un eventual gobierno paralelo que podría estar en condiciones de desafiar al régimen en el terreno internacional.

"Ya están a medio camino", dijo desde Nueva York Asdrúbal Aguiar, un abogado y ex ministro venezolano. La comunidad internacional ya considera que Maduro encabeza "una especie de gobierno paria" y el régimen ha estado siendo sometido a sanciones internacionales en un intento por torcerle el brazo para que restaure la democracia.

Un gobierno en el exilio que gane reconocimiento internacional podría propinarle un duro golpe a Maduro, en momentos en que intenta establecer nuevas líneas de financiamiento en el exterior para poder mantener a su régimen a flote.

"Si ocurre algo como esto, sería una puñalada en el corazón del régimen de Maduro", dijo Carlos Sánchez Berzaín, director ejecutivo del Instituto Interamericano para la Democracia, con sede en Miami.
El gran obstáculo, por supuesto, es Maduro, quien sigue manteniendo un férreo control del poder a través del ejército.

Pero a comienzos de este mes, Ortega y el Tribunal Supremo en el exilio emprendieron el juicio por corrupción a Maduro, acusando al gobernante de costarle miles de millones de dólares a la nación petrolera al favorecer a Odebrecht con contratos para enormes obras que nunca fueron construidas.

Aun cuando la legitimidad está del lado de los funcionarios venezolanos exiliados, éstos no tienen manera de hacer cumplir la ley dentro del país petrolero. Aun así, recibieron un espaldarazo de la Asamblea Nacional esta semana, controlada por la oposición, que por un margen de 105 votos a favor y dos en contra aprobaron que sí existen suficientes méritos para enjuiciar a Maduro, decisión histórica que bajo los parámetros de la Constitución automáticamente separa al líder bolivariano del poder.

"De acuerdo con la Constitución, el presidente es destituido automáticamente", dijo desde Bogotá el presidente del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en el exilio, Miguel Ángel Martín, a el Nuevo Herald. "Y judicialmente, una vez que la Asamblea Nacional nos notifique formalmente su decisión, iniciaremos la fase de examen de evidencia, luego las audiencias y luego la fase de decisión".

El régimen de Maduro envió una carta al gobierno colombiano en protesta por lo que llamó un espectáculo montado por "usurpadores" de funciones desde la sede del Congreso del vecino país.

Dentro de Venezuela, el régimen simplemente ha optado por ignorar las decisiones del TSJ y de la Asamblea Nacional. Pero la decisión del tribunal podría ser tomada en serio en el exterior, en vista de que Estados Unidos y otros miembros clave de la comunidad internacional ya han declarado que reconocen sólo la autoridad de la Asamblea Nacional controlada por la oposición y no la versión sustituta creada por Maduro, la Asamblea Nacional Constituyente.

En el pasado, los gobiernos del exilio han sido formados en respuesta a la ocupación ilegal de un país de origen, siendo el ejemplo más memorable el de Charles de Gaulle durante la ocupación nazi en Francia. Y lo más interesante de este concepto es que este tipo de gobierno puede llegar a obtener reconocimiento internacional.

En el caso de Venezuela, un gobierno en el exilio internacionalmente reconocido podría romper conexiones importantes del régimen con la comunidad internacional en escenarios como la Organización de Estados Americanos y las Naciones Unidas, dijo Sánchez, un ex ministro boliviano.

El que su legitimidad sea desafiada tan abiertamente podría impactar económicamente al régimen, poniendo en peligro cualquier posibilidad de recibir más ayuda financiera de gobiernos amigos, como lo ha estado buscando desesperadamente para mantenerse en medio del colapso económico del país y las sanciones impuestas por Estados Unidos, Canadá y Europa, dijeron analistas.

Cortesía: http://www.elnuevoherald.com

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